Y un día volvimos

Por Nicolás Urra, Estudiante de Licenciatura en Estudios de la Comunicación de la Universidad Nacional de San Martín.


Cristina Fernández y Alberto Fernández en cierre de campaña en la ciudad de Rosario, Santa Fe. Créditos foto AFP.

Tras una jornada electoral que supo ser eterna, los días felices parecen haber llegado para la Argentina. Eterna ya que claramente la jornada no comenzó con las PASO (Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias) de este domingo, sino que comenzó por allá por 2017 en donde después de unas reñidas elecciones legislativas la ex Presidenta Cristina Fernández de Kirchner resultó electa como senadora nacional, marcando así el inicio de la homérica travesía kirchnerista por unir a toda la oposición.

Ni las encuestas más optimistas (ni las más fatalistas de parte del oficialismo) se jugaron números y brechas tan amplias como las que recibimos de los cables de la cuestionada SmartAnalitic, empresa encargada del conteo de votos, en la noche del domingo y ya definitivos el lunes a la mañana. Los quince puntos de diferencia que aventajó al candidato del Frente de Todos por sobre el actual presidente, si bien son un paso decisivo en la reconstrucción de un proyecto nacional y popular, lejos están de ser el golpe final y el cambio de pagina en esta obscura etapa de la historia Argentina. Esto ya que el (virtual) Presidente electo Alberto Fernández recibiría un país devastado y en llamas, prueba de aquello es el fuerte espaldarazo que “los mercados”  le dieron al gobierno este lunes, posterior a la elección, disparando la suba del Dólar y así devaluando el peso otro 30%. Devaluación que se suma a las ya innumerables ocasiones en que nuestra moneda nacional fue víctima de las medidas neoliberales de Mauricio Macri.

El voto de este domingo fue sin lugar a dudas un voto de hartazgo, un voto de bronca contra la banda organizada que nos gobierna, un voto que se hace eco del grito desgarrador proveniente de las panzas hambrientas del 48% nuestres pibis que hoy se encuentran en la pobreza (informe de UNICEF), pero también, sin lugar a dudas, fue un voto de esperanza.

Las cuestiones a discutir hoy son claras, la deuda externa supera con creces cualquier deuda que la Argentina haya tomado antes, llegando a ser de USD 275.828 millones (al primer trimestre de 2019) según datos del Instituto Nacional de Estadísticas, cifra escandalosa que nos recuerda la existencia de la emisión del famoso bono a 100 años con el cual el país se encuentra atado a los intereses financieros del poder económico internacional hasta la próxima centuria.
El próximo presidente cuenta ya con una agenda de temas por abordar bastante grossa que sin dudas no será fácil de abordar. Hoy entre los temas principales de esta agenda podemos encontrar; el pago de la deuda, la pesificación de los precios de los servicios básicos que hoy se encuentran dolarizados, la inflación que se encuentra en niveles escandalosos, la reforma laboral y jubilatoria que el actual gobierno trata de impulsar a pedido del FMI como cláusula para la emisión del préstamo, la tan dañina apertura de las importaciones que vino a quebrar la producción nacional, y el hambre.

De repetirse los resultados de este domingo en las elecciones generales de octubre, la fórmula Fernández-Fernández (Alberto Fernández Presidente – Cristina Fernández de Kirchner VicePresidenta) deberá gobernar, de la mano de un campo popular unido, un país en ruinas y con olor a 2001. Si bien la tarea se supone titánica, las esperanzas del pueblo también lo son.

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