El día que la extrema derecha movilizó a la izquierda

Por Patricia Lema Ivison, estudiante de Publicidad, Relaciones Públicas y Turismo, Universidad de Cádiz – España.

                El pasado 28 de abril se llevaron a cabo las elecciones generales españolas, consistiendo en una votación doble (tanto elección de diputados, como representación del senado).

                España antes de las elecciones, constaba de un gobierno provisional a manos del PSOE (Partido Socialista Obrero Español), partido de una izquierda levemente moderada, tras la dimisión del anterior presidente Mariano Rajoy por parte del PP (Partido Popular), derecha ganadora en las pasadas elecciones de 2016:

Azul: PP

                                Durante la jornada de debate electoral, así como los meses previos a estas votaciones se pudieron apreciar dos bloques claramente diferenciados: Una alianza derechista por parte del PP, VOX y C’s (Ciudadanos), así como una clara intención de unión izquierdista del PSOE con UP (Unidas Podemos).

                Para comprender el contexto previo de la situación española los días anteriores a las votaciones, se debe partir de las elecciones llevadas a cabo en Andalucía el 2 de diciembre de 2018 (comentada con anterioridad en ReCrea). Cuenta de tal importancia, puesto que tiende a ser un reflejo de los futuros resultados del país.

                Los resultados de abstención de la población a la hora de votar (superior al 41%) fueron de tal alarme social, que los propios españoles comenzaron a movilizarse a través de las redes sociales como principal foco de difusión de valores (tanto por parte de los ‘influencers’ como grupos de movilización y concienciación), teniendo como principal receptor el público joven (el cual se ve fuertemente afectado por el envejecimiento de la población, debido a la existente brecha generacional), con el fin de incentivar a este sector de población claramente desmotivado.

                De esta forma, y junto con el descontento común por la victoria de la derecha y la unión que llevaron a cabo en Andalucía, las elecciones generales de este año han contado con más de un 75% de participación de los votantes (superando así inclusive la participación en las elecciones que sucedió el ataque terrorista en España, que había sido de aproximadamente un 74%).

                Se podría decir que, lo que ocurrió en Andalucía fue un trampolín para la izquierda hacia la victoria (en ambos, tanto en diputación, como senado). Fue tal la repercusión, que el mapa electoral en comparación con 2016, experimentó una casi completa inversión:

Rojo: PSOE

                A su vez, estas elecciones han supuesto para el PP sus peores resultados en toda la historia del partido, con una pérdida total de más de 3 millones de votantes.

                Pese a la bajada de votantes y por ende de escaños de Unidas Podemos, celebraron junto al PSOE la no victoria de la derecha, además de la muy posible (y necesaria para lograr los 176 escaños para la mayoría absoluta y así gobernar) alianza con el mismo. A ello se une la posibilidad de, o alianza con Esquerra Republicana (la cual ha causado controversia por su postura positiva ante el independentismo), o con diferentes grupos políticos de diferentes comunidades de ideología similar.

                Sin embargo, un dato chocante a resaltar es la influencia de VOX en estas elecciones (partido de extrema derecha, el cual ha dejado claro en numerosas ocasiones abolir las leyes en relación con el colectivo LGBTI+, así como tomar medidas extremas con la inmigración, abolir leyes en relación con la violencia de género, además de asegurar el cierre de una cadena televisiva con ideología izquierdista, atentando con la libertad de expresión y potenciando la censura). Se estipula que, los 2 millones de votos obtenidos están relacionados con los que ha perdido el PP (como también es el millón restante que ha ganado C’s).

                Después de 1975, será la segunda vez que la extrema derecha contará con representación parlamentaria.

                Dejando de lado la clara victoria del PSOE, se puede comprobar cómo la cantidad de escaños en las otras fuerzas líderes se han encontrado bastante pareja en número de escaños, reflejando la desaparición de la idea de partido único como gobernante del país, así como el bipartidismo que siempre ha contado España entre PP y PSOE.

                En resumen, aún con la alarmante noticia en relación con VOX, se puede garantizar que estas elecciones sí que han sido verdaderamente un reflejo de lo que el pueblo quiere y necesita, y cuando la población se mueve, España es roja. España es signo de defensa de los derechos humanos, derechos a favor del colectivo LGBTI+, del feminismo, y de la protección del medio ambiente, como de lo público frente a lo privado.

                Aún pese habiendo tenido tanta fuerza la participación del pueblo, aún debe persistir ese interés por la defensa a ese derecho a voto, ya que el próximo 26 de mayo se convocan las municipales junto con las europeas, y se debe aprender del error que todavía perdurará durante años en Andalucía.

                Como despedida, me quedo con la frase con la que el periodista Jordi Évole describió las elecciones: “El día que la extrema derecha movilizó a la izquierda”.

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