[Columna] Un error garrafal: Predicar y no practicar

Imagen: La Red TV

Por Javiera Olavarría.
Estudiante de Administración Pública UV.

Hoy en día, la izquierda sufre una abismante crisis. Una crisis que se ve reflejada en la pérdida de la segunda vuelta presidencial, en la nueva coalición política que llega a marcar la diferencia, en la desunión y desacuerdo de las mismas coaliciones, pero el punto que me interesa tratar es que está recayendo en lo que todos, como izquierdopartidistas, criticamos: el fomento del odio.

Soy una profunda creyente -no ese tipo de creyente- que la derecha es EL enemigo. Que mientras más derechizado el discurso, peor le hará al país. Pero también soy creyente del respeto mutuo que se debe tener entre las personas.

La derecha debe ser combatida por lo valores que tratan de inculcar, por el odio que tratan de fomentar, por la xenofobia que avivan, por la homofobia que quieren invisibilizar y por el discurso intolerante que plantean a todo un país. Pero NUNCA se debe caer en lo burdo y cruel de criticar a alguien por como viste, como camina, su look o alguna otra causa superficial.

Hace pocos días José Antonio Kast, en cierto programa nocturno, soltó que se había casado virgen a los 25 años. ¿Resultado? Un sinfín de hueveos por doquier, comparando el nivel de gravedad de la “virginidad a los 25” con la promoción de ideas y pensamientos misóginos, machistas, xenófobos y racistas de este personaje -a los que creo yo que se les debería dar el triple de tribuna que la virginidad de este-.

Como mencioné anteriormente, atacar a la derecha por motivos superficiales es una mala costumbre que de a poco debemos ir eliminándola de nuestro vocablo y diario vivir. No olvidemos que tratamos con personas. Personas que también sienten, personas que pueden tener -o no- trastornos psicológicos, autoestima baja, problemas familiares u otras vivencias que pueden generar problemas al momento de recuperarse de esa “crítica”.

Si podemos realizar esta distinción, será un gran avance para no seguir cometiendo este brutal error.

¡A abanderarnos de la verdadera lucha!

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