[Columna] Nos han robado la ciudad

Por Daniel G. Orrego

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Hoy más del  70% de los habitantes del país está dentro de lo que podríamos llamar “población urbana”, es decir, la mayoría de los chilenos hoy vive en algunas de las ciudades que se encuentran a lo largo de nuestro territorio.

Cada ciudad tiene algvalparac3adso-cerro-concepcic3b3no que la hace especial y que la diferencia de las otras, ya sea su cultura, su patrimonio, su gente o sus paisajes, y son precisamente esas diferencias las que nos hacen querer conocerlas, ya sea a través de una foto, un viaje, algún comentario, etc…

Sin embargo estas también tiene características comunes, que lamentablemente suelen presentarse como problemas que van en contra de la propia ciudad y su gente. Es cosa de ponerse en la siguiente situación: son las 5:30 de la tarde, una persona se sube a la micro en Valparaíso con dirección a Viña del Mar, el panorama que viene ya lo tiene claro, un “taco” que avanza más lento que el mismo tiempo y que amenaza con terminar de quebrar los nervios de todos los que participan y construyen ese “taco”.  El caso es que este problema se repite en la gran mayoría de las ciudades y en sus calles principales, afectando y entorpeciendo la paz y tranquilidad de esa llamada “población urbana”.

Las soluciones que se proponen para estos conflictos suelen ser siempre las mismas: modernizar la calle, incrementar la locomoción colectiva, quitar semáforos, agregar semáforos, bajar el pasaje, subir el pasaje, expandir la calle, restricción vehicular, y así, podríamos seguir enumerando “soluciones” que solo van dirigidas a lo que es regular y manejar el tránsito, y que dejan de lado el principal causante de todo este caos urbano: la desigualdad social.

A modo de ejemplo,  gran parte de los autos que colapsan las calles de la ciudad en la mañana van en dirección a lugares de estudios que presentan mejores condiciones que los establecimientos a los que uno podría llegar caminando. Y es obvio, si una persona cree que un colegio que queda a dos comunas de distancia es el mejor para su hijo o hija, se trasladara diariamente para encontrar esa educación de calidad que hoy no existe en su comuna o en su barrio, eso sí, siempre que existan las condiciones económicas para hacerlo, ya sea gasto de traslado o de mensualidad (en caso de tratarse de un colegio pagado).

Profundizando aún más, podemos decir que el “taco” es el resultado de la constante necesidad  de satisfacer esos derechos esenciales de los cuales el Estado no se ha hecho cargo y que este sistema neoliberal se preocupa de mercantilizarlos cada día más.
El hecho de que no todas las comunas cuenten con colegios de calidad ni con espacios públicos reales para la población, que el sistema de pensiones obligue a muchas personas a estar moviéndose toda la semana de pega en pega con el objetivo de tener una jubilación un poco menos indigna o que los consultorios no sean de la misma calidad en todos los sectores (y que en otros ni existan) hacen de la ciudad un espacio que llega hasta irritar, un espacio que se ha convertido en uno de los principales focos de contaminación ambiental,  un espacio en el que estamos casi todo el día y del que no podemos disfrutar  y que a la v
ez está destruyendo uno de los lugares más emblemáticos y necesarios para el empoderamiento y organización de las personas: Los barrios.Cerro-Valpo

El barrio solía ser un lugar donde la gente compartía con sus vecinos, un lugar donde los problemas eran comunes y por lo mismo se solucionaban en comunidad, un lugar donde la calle era el principal testigo de travesuras y juegos de muchos niños y niñas que hoy, dadas las condiciones sociales, económicas y políticas de nuestro país, han visto como las calles de esos barrios terminaron transformándose en simples estacionamientos de gente que constantemente está cambiando de hogar, pues el neoliberalismo también se ha encargado de poner en venta el derecho a la vivienda.

Necesitamos transformar la ciudad, necesitamos que esta respete el medio ambiente, necesitamos una ciudad donde
no nos moleste compartir con el que no conocemos, una ciudad donde exista  más cultura que propaganda comercial, una ciudad para los ciudadanos y no para el automóvil.

Nos han robado la ciudad y debemos recuperarla.

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