Avanzando hacia el retroceso. Madrid Central.

Por Patricia Lema Ivison, estudiante de Publicidad, Relaciones Públicas y Turismo, Universidad de Cádiz – España.

Hoy, vengo a hablar con el corazón en la mano.

España volvió a hacer alarde de ser pionera.

Pionera en el retroceso, siendo el primer país en priorizar la contaminación para goce propio, que pensar en el futuro de todes.

Para comprender en contexto, os pondré en situación:

Hasta este pasado 26 de mayo (votación que os comenté por Revista Recrea), en Madrid capital gobernaba la izquierda (Unidas Podemos, posteriormente siendo Ahora Madrid, y Más Madrid) a manos de Manuela Carmena (cuya carrera profesional es envidiable, y, ya que estoy en un desborde de subjetividad, a mi parecer la más capacitada para el puesto de alcaldesa para la ciudad de Madrid). Tomó la medida de crear Madrid Central, con el fin de reducir las emisiones de dióxido de nitrógeno altamente contaminantes a base de prohibir el acceso de vehículos (sin autorización previa) al centro de la capital. De esta forma, sucedería una mejora no sólo en la calidad del aire, sino en el tráfico (puesto que era foco de grandes atascos y retenciones).

Sin dudas, un avance necesario que se estaba llevando a cabo en las principales ciudades de la Unión Europea como medida frente a las alarmantes noticias relacionadas con la contaminación medioambiental.

Sin embargo, el pasado mayo, pese haber tenido tanta repercusión la izquierda moderada en el país, en las votaciones municipales de Madrid ganó la extrema derecha tras la coalición de los partidos PP, VOX y Cs (Ciudadanos). ¿Por qué? Por el mismo motivo que en Andalucía ocurrió lo mismo: la pasividad de los votantes, la confianza y seguridad que sería casi imposible que gobernase tal ideología en una ciudad tan “cosmopolita”, chocándose claro está de bruces con la realidad.

Una realidad que muestra que, si no hay movimiento, no hay avance.

De hecho, sí, un avance hacia el retroceso.

Pese a las continuas amenazas de la Unión Europea con multas millonarias a Madrid, el actual alcalde, José Luís Martínez-Almeida, mantuvo su plan frente a la eliminación de Madrid Central basándose en datos completamente descontextualizados, donde, según él, los niveles de contaminación habían aumentado debido a Madrid Central. Claro que, sin tener en cuenta el inestable clima que había sufrido la capital, además que el sector que tomó en su muestra de análisis formaba parte del período de prueba del proyecto, cuando no había multas por acceder al centro de la ciudad.

Aún pese al completo descontento de no sólo habitantes de Madrid sino de toda España, con manifestaciones que duraron hasta el 30 de junio, el 1 de julio se suprimió Madrid Central, ateniéndose a multas de más de 500 millones de euros (para que nos entendamos, más de aproximadamente 383.677.155.840,00 pesos chilenos).

Ahora Martínez-Almeida se resguarda en la “bajada” de niveles de polución que ha experimentado el centro, pero no se ha hablado del aumento de la periferia de la ciudad (la cual ha sufrido un aumento), además de los largos atascos que han protagonizado los días en Madrid.

Ha tenido que ser un juez, quien tomase la orden el pasado 6 de julio (junto a la iniciativa de recogida de firmas por parte de la población) de reactivar Madrid Central. Porque sí, Martínez-Almeida continúa pensando que lo mejor para Madrid es quitarlo aún cuando ya se ha demostrado que en ciertos puntos de Madrid, en cuestión de un par de días alcanzó los límites de contaminación.

Así es, nuevamente para aquellos que deberían representar la voz del pueblo y preocuparse por este, decide dejar de lado su salud.

Pero no es algo nuevo, para nada. Escuchar a gente decir “para cuando eso del fin del mundo por la contaminación pase, yo ya estaré más que muerto” con dejes de ironía, es sólo un reflejo de una mentalidad egoísta y egocéntrica fruto de un sistema socio-económico de tal inestabilidad que prima el presente y el futuro inmediato con intereses propios frente a una preocupación por generaciones siguientes.

Porque amigues, no, esto no es sólo el simple hecho del fin de un movimiento necesario en mayúsculas. Eso es sólo un leve reflejo de la mentalidad reacia a tomar posteriores medidas que se debería llevar a cabo.

Y me duele. Me duele que sean esas personas que alardean de sentir más amor que nadie por este país las mismas que la boicotean desde dentro.

Me duele porque España podría haber sido pionera en energía renovable, y sin embargo sólo ponen trabas adrede, para ganar aún más dinero un grupo selecto, como si toda esa cantidad pudiera salvarles del inminente empeoramiento del planeta. Porque, aunque a veces cueste de creer, somos antes personas, que una profesión.

Pero parece que aparentemente hacemos más el papel de parásito para la Tierra, que de propia especie.

(Zona delimitada)

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